A LA MESA DEL CONGRESO DE LOS DIPUTADOS
Al amparo de lo establecido en el Reglamento
de la Cámara se presenta la siguiente ENMIENDA A LA TOTALIDAD DE
DEVOLUCIÓN al Proyecto de Ley Orgánica
de Universidades. (número de expediente 121/45).
Palacio del Congreso de los Diputados
Madrid a 24 de septiembre de 2001
Fdo.: Marisa Castro Fonseca
Diputada del G.P.F.IU |
Fdo.: Felipe Alcaraz Masats
Portavoz del G.P.F.IU |
ENMIENDA A LA TOTALIDAD DE DEVOLUCIÓN
Desde hace más de una década IU ha unido su voz a la de
sindicatos y otros sectores de la comunidad universitaria para reclamar
la necesidad de acometer un debate público, amplio y participativo,
sobre la reforma de la LRU, una vez reconocidas sus insuficiencias para
dar respuesta a las nuevas demandas sociales, y una vez detectados importantes
fallos y perversiones en la puesta en práctica de dicha ley.
Prueba de la preocupación de IU por la situación que atraviesa
la Universidad pública han sido las diferentes iniciativas planteadas
por su grupo parlamentario en las legislaturas pasadas, así como
la presentada al inicio de ésta, con fecha 6 de junio de 2000, en
la que se solicitó la creación de una Subcomisión,
en el seno de la Comisión de Educación, Cultura y Deporte,
sobre la reforma universitaria. Para IU era, en efecto, imprescindible
y urgente implicar al Parlamento en el intenso debate que mantenía
en esas fechas la comunidad universitaria, a partir del Informe Universidad
2000, que se hizo público en marzo de ese año y generó
múltiples reacciones, junto a una amplia polémica en el ámbito
universitario.
Frente a esto, el gobierno del PP ha evitado toda posibilidad de abrir
y potenciar el debate requerido, antes de la tramitación parlamentaria
de su proyecto de ley de universidades, optando por seguir un proceso
ajeno por completo a la más mínima voluntad de acuerdo y
de participación democrática de los distintos sectores sociales
(del ámbito universitario y extrauniversitario) que tienen mucho
que decir sobre el sentido de la reforma de la Universidad.
En efecto, la Sra. Ministra eligió el mes de mayo (época
claramente inadecuada para propiciar el debate en el ámbito universitario)
para hacer público el borrador de Anteproyecto de Ley de Universidades,
y dio un plazo ridículo a la Conferencia de Rectores y al Consejo
de Universidades para que hiciesen su valoración y aportasen propuestas.
A finales de junio, a la vista del considerable rechazo generado, la Ministra
informó al Consejo de Universidades de los cambios que pensaba introducir
en el Anteproyecto, sin dar pie a que ni siquiera dicho órgano los
pudiera analizar. En pleno verano el Consejo de Ministros aprobó
el correspondiente Proyecto de Ley Orgánica de Universidades, y
lo remitió al Parlamento, donde se ha establecido un plazo igualmente
ridículo para la presentación de enmiendas, plazo que finaliza
el 24 de septiembre, es decir, antes de que comience el nuevo curso académico
y se reanude plenamente la actividad universitaria.
Ante semejante proceso, que ha impedido el diálogo y la necesaria
búsqueda del máximo acuerdo sobre una reforma de tantas repercusiones
sociales, IU reitera su exigencia de que se abra un debate público,
previo a la tramitación parlamentaria de cualquier proyecto de ley
universitaria, con la participación de la comunidad universitaria
(estudiantes, profesorado y personal no docente), de las fuerzas políticas
y de los agentes sociales, para abordar serenamente la necesaria reforma
de la LRU, con vistas a solucionar los problemas detectados en la Universidad
pública, empezando por el mayor de ellos, la insuficiente financiación
pública y, por extensión, la ausencia de un modelo de financiación
de las universidades, carencias que contribuyen a su vez a la pérdida
de autonomía, al tener que buscar fondos y pasar a depender, al
menos en parte, de entidades privadas.
IU coincide plenamente con múltiples y autorizadas voces de los
máximos representantes de distintas Universidades españolas
que vienen manifestando su enorme preocupación ante el Proyecto
de Ley presentado por el gobierno, que lejos de dar respuesta a las necesidades
actuales de la Universidad pública, va a contribuir al deterioro
de la misma por las siguientes razones:
-
No cuenta con un plan de financiación, lo que supone dejar
al margen del debate sobre la nueva Ley un asunto central, dado el unánime
acuerdo existente sobre la insuficiente financiación de la Universidad
pública para atender los cometidos que tiene encomendados; máxime
cuando España está muy por debajo de la media europea en
gasto público para la enseñanza superior e investigación,
así como en becas y ayudas a los estudiantes. En este sentido, hay
que denunciar que la Ley (tan reglamentista en otras cosas) no establece
procedimiento alguno para asegurar que ningún estudiante quede excluido
del sistema universitario por razones económicas a través
de las becas, tanto para estudios oficiales, como para los títulos
propios y Tercer Ciclo.
-
Supone un retroceso histórico en la autonomía universitaria
consagrada en el artículo 27 de la Constitución, ya que se
restringen las competencias de las Universidades en la selección
de su profesorado, se imponen "representantes" del poder político
en los órganos de gobierno de la Universidad, y se establecen unos
Consejos Sociales convertidos en consejos de gobierno paralelos y/o alternativos,
integrados por "personalidades" (¿?) designadas (¡no
elegidas!) "que no podrán ser miembros de la comunidad universitaria"
(Artículo 14.3). A su vez recorta las competencias de las Comunidades
Autónomas al establecer un único sistema nacional
de habilitación del personal docente e investigador, así
como al atribuir al Gobierno central la exclusividad para decidir sobre
los requisitos mínimos para la creación y reconocimiento
de Universidades, o sobre las normas que regularán la colaboración
con entidades extrauniversitarias.
-
Entraña también un serio recorte de la democracia interna
en los órganos de gobierno de las universidades, al acentuar por
un lado el poder de los Rectores y demás órganos unipersonales
en detrimento de los Claustros y otros órganos colegiados; y al
reducir, cuando no eliminar, la presencia de profesorado contratado, de
profesorado no doctor, de estudiantes y de PAS en los órganos colegiados.
Se reinstaura así el viejo elitismo y la jerarquización estamental
de otras épocas. Asimismo, la elección directa del Rector,
por sufragio directo ponderado, lejos de suponer un avance democrático,
es un auténtico retroceso, que incrementa el presidencialismo y
recorta las competencias de los Claustros.
-
No resuelve la precaria situación de los actuales PNNs (doctores
y no doctores). Por otra parte, lo que se presenta como una supuesta carrera
docente es una auténtica carrera de obstáculos, que en absoluto
animará a los jóvenes licenciados o doctores a seguirla,
sino más bien a huir cuanto antes de semejante calvario.
-
Introduce la arbitrariedad en el sistema de acceso de los estudiantes
a las Universidades públicas, multiplicando las pruebas para optar
a las diferentes carreras y fomentando la discrecionalidad en los criterios
para acceder a cada Universidad, lo que atenta contra la igualdad de oportunidades
de los estudiantes de los diferentes distritos universitarios y genera
diferencias inadmisibles entre las Universidades.
-
Se impulsa el proceso de privatización de la enseñanza
y de la investigación universitarias, al facilitar la creación
y puesta en marcha de Universidades privadas, que no tienen que cumplir
unos requisitos análogos a los de las Universidades públicas,
ni en la proporción de profesorado acreditado, ni en el carácter
democrático de su organización y funcionamiento. A su vez
hay que destacar y denunciar el especial trato de favor que se otorga a
la Iglesia católica, impropio de un un Estado aconfesional.
Izquierda Unida apuesta por un modelo de Universidad pública
basado en los principios de autonomía plena, democracia participativa,
corresponsabilidad ante la sociedad y financiación pública
suficiente para asegurar una calidad docente e investigadora en condiciones
de igualdad.
Por todo ello, IU solicita la devolución al gobierno del Proyecto
de Ley Orgánica de Universidades.